Los cambios en las políticas se reflejan, fomentan el cambio cultural en cuanto al papel femenino en la Iglesia

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Una mujer entra al templo del Centro de la Ciudad de Provo, donde puede servir como testigo de ordenanzas sagradas. (Karina Andrew)

Leer en inglés: Policy changes reflect, encourage cultural change regarding women’s role in Church

Collette Demars Violette recuerda la época en la que la presidenta de la Escuela Dominical de su barrio era una mujer.

El padre de Violette, el obispo de su barrio en Rhode Island en  los años setenta, había llamado a una mujer adulta soltera para servir en ese llamamiento. Sin embargo, una familia visitante de Utah vió la asignación de llamamientos poco convencional e hizo que los administradores de la Iglesia en Salt Lake City fueran conscientes de la situación.

Dentro de unas semanas, Violette dijo que la Primera Presidencia publicó una declaración diciendo que los presidentes de la Escuela Dominical debían ser poseedores masculinos del sacerdocio, y un representante de Salt Lake City llamado padre de Violette y le pidió que releve a la presidenta de la Escuela Dominical

Aunque la doctrina de la Iglesia es inmutable, las políticas y prácticas a menudo son influenciadas por la cultura y las expectativas sociales, según Barbara Morgan Gardner, profesora de religión de BYU y autora de “El poder del sacerdocio de las mujeres”. Tales presunciones culturales en la Iglesia incluyen el papel tradicional de género como los describe La familia: Una proclamación para el mundo.

“Debido a la tradición, debido a la sociedad y a la cultura, nosotros, como miembros de la Iglesia especialmente, hemos puesto obstáculos o impedido que las mujeres puedan hacer cosas que de otra manera podrían hacer simplemente porque no entendemos las doctrinas o las políticas que la Iglesia ya ha puesto en marcha”, dijo Gardner.

En la Conferencia General de octubre de 2019, el presidente Russell M. Nelson exhortó a las mujeres a mirar más allá de las influencias culturales, comprender y ejercer el poder del sacerdocio. La Iglesia también ha cambiado recientemente las políticas en cuanto a la participación de las mujeres en las ordenanzas, permitiendo a las mujeres actuar como testigos en las ordenanzas y cambiar la redacción de algunas ordenanzas del templo.

Elizabeth Daley, estudiante de BYU, dijo que servir como testigo en el templo fue especialmente significativo para ella. Dijo que se sintió valorada como mujer por las recientes declaraciones del profeta. Alex Palmer, otra alumna, dijo que los cambios le han ayudado sentir alivio.

“Siento que hay muchas cosas, especialmente hacia los roles y responsabilidades de género con (el) sacerdocio, que se basan más en la tradición y la cultura que en la doctrina”, dijo Palmer. “Es bueno que nos estemos acercando cada vez más a la verdad”.

Gardner dijo que la doctrina del sacerdocio, incluyendo el acceso que las mujeres tienen al mismo, nunca ha cambiado — los líderes de la Iglesia cambiaron la política y el procedimiento para reflejar mejor esa doctrina y empoderar a las mujeres para que participen en la obra del Señor. A medida que las mujeres y los hombres comprendan mejor la aplicación de esta doctrina, dijo Gardner, las mujeres podrán cumplir mejor la voluntad del Señor.

“No hay poder que un hombre pueda tener que una mujer no pueda tener”, dijo Gardner. “Estamos en la cima del iceberg cuando se trata de hacer lo que las mujeres de la Iglesia podrían estar haciendo en este momento”.

Una estatua que muestra a una pareja con su hijo se encuentra en los terrenos del Templo del Centro de la Ciudad de Provo. Las mujeres de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días dijeron que es importante que las mujeres y los hombres comprendan las funciones de las mujeres dentro del sacerdocio. (Karina Andrew)

La presidenta de la Sociedad de Socorro de la estaca de Washington, Jill Whitaker, afirmó que los miembros de la Iglesia aún no han comprendido plenamente la doctrina del sacerdocio y cómo se aplica a las mujeres. Al visitar los diversos barrios de su estaca, Whitaker dijo: “Me di cuenta que todavía hay un poco de confusión en cuanto a cuál es nuestra función con el sacerdocio”.

Whitaker dijo que ha sentido que ha accedido al poder del sacerdocio de Dios cuando sigue las impresiones del Espíritu Santo, sirve a los demás, cumple con los deberes de su llamamiento y trata de hacer lo que ella cree que es la voluntad de Dios para ella.

“No siento que tengo poder en el sentido mundano, pero siento que tengo un propósito en el sentido del Señor y eso demuestra lo que realmente es Su poder”, dijo. “La manera más importante de usar el poder del sacerdocio es recurrir a la Expiación y cualquiera puede hacerlo”.

Al mismo tiempo que expresaron gratitud por el énfasis en el poder del sacerdocio de las mujeres y en los ajustes de procedimiento que se han producido, algunas mujeres de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días también comentaron sobre la necesidad de cambios adicionales.

Whitaker dijo que la mayor parte de su vida, sintió que su participación en el liderazgo de la Iglesia era limitada y que su contribución como mujer no era muy valorada.

“Hasta un momento en mi vida, sentí que tal vez estar en un consejo de barrio o en el consejo de estaca era una especie de ‘Bueno, queremos tener su opinión, pero sólo hasta un punto'”, dijo.

Una activista de las redes sociales y miembro de la Iglesia, Chelsea Homer, está de acuerdo que, en su experiencia, la participación de las mujeres en los consejos de la Iglesia ha sido considerada menos significativa que la de los hombres.

“Sentía que yo era solamente una consultora”, dijo Homer de su experiencia personal dentro de un consejo de barrio.

Aunque Homer reconoció que sus experiencias no representan las experiencias de todas las mujeres de la Iglesia, ella todavía expresó el dolor que siente por la falta de representación femenina en el liderazgo de la Iglesia. Otras mujeres, como Daley, estudiante de BYU, concuerdan con esa opinión.

“Cuando asistes a una sesión de la conferencia, solamente vas a ver a una o dos mujeres oradoras como máximo”, dijo Daley. “Me encantaría escuchar de las esposas de los hermanos, o incluso de más de las mujeres líderes”.

Algunos de los otros cambios que las mujeres de la Iglesia de los Santos de los Últimos Días dijeron que quieren ver provienen de una cultura de la Iglesia que Violette denominó como una cultura “dominada por los hombres”.

Palmer dijo que algunos elementos de la cultura de la Iglesia que le gustaría ver cambiar incluyen tratar la educación de las mujeres como una “póliza de seguro” o un plan de respaldo en caso de que los trabajos de sus maridos se atraviesen, poner a las mujeres en un pedestal que no deje espacio para la complejidad y limitar la participación y el servicio de las mujeres y las niñas.

“También tenemos sueños y nuestro progreso eterno y nuestra inteligencia son igual de importantes”, dijo Palmer.

Gardner incitó a los hombres en la Iglesia y en BYU a ser proactivos en contribuir al cambio cultural.

“Hay un gran malentendido que se ha perpetuado tanto para hombres como para mujeres”, dijo. “Los hombres — estudiantes de BYU, líderes, todos los hombres — tienen que pagar el precio para entender el poder del sacerdocio de las mujeres, a fin de que las mujeres puedan hacer lo que el profeta les pide que hagan. Es sinergia — los hombres y las mujeres tienen que trabajar juntos para cumplir los propósitos de Dios en la tierra y tienen que apoyarse mutuamente”.

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