Estudiantes de diseño industrial crean y venden lámparas innovadoras

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Traducido por Jordan Celaya y revisado por Jair Barberan

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El nombre de la lámpara de Isaac Hiller, llamada “la Perla”, fue inspirada por cómo el material se dobla para hacer pliegues. Al estudiante también le gustó la idea de partes giratorias con las que se puede jugar y aplanar para el envío de paquetería. (George Davies)

Los estudiantes de diseño industrial de BYU pasaron los últimos tres meses creando lámparas únicas para vender como parte de su proyecto de clase.

Cada semestre de segundo año los estudiantes del programa de diseño industrial participan en un proyecto de tres meses en el cual tienen que crear un producto para vender, con un nuevo diseño y nuevas restricciones cada semestre.

La venta de lámparas de iluminación de este semestre incluyó lámparas diseñadas por estudiantes con ciertas estipulaciones: debían tener un enchufe y ser hechas de lámina, y el costo del envío de paquetería tenía que ser de $13 o menos.

Debido a la pandemia, lo que normalmente era un proyecto de grupo se volvió una tarea individual. Se requería de cada estudiante diseñar una lámpara y hacer 10 copias para vender en línea y a través de una cuenta de Instagram.

Nadie sabía de antemano cuantas lámparas venderían o si ganarían suficiente para cubrir los costos. Los estudiantes pagaron por los materiales de su propio bolsillo y recibirán todas las ganancias de las lámparas vendidas.

Bowen Byers, que se especializa en diseño industrial en BYU, dijo que el proceso de hacer diez copias de la misma lámpara les enseñó aptitudes de la producción masiva. “Aprendimos a asegurarnos de hacerla igual cada vez y de la más alta calidad, y todo por las manos de una persona”, señaló el estudiante.

La venta estaba programada para finalizar el 18 de noviembre, pero se extendió después de que la venta alcanzó a la audiencia más grande que jamás habían visto. La venta se quedará abierta de mes a mes hasta que la clase decida cerrarla.

Isaac Hiller, otro estudiante en la clase dijo que normalmente la venta se realiza en persona y solamente personas de Provo, miembros de la familia o amigos, compran las lámparas. Sin embargo, con la venta publicada y promocionada en Instagram, las lámparas han llamado la atención de cuentas de diseño de iluminación, empresas de diseño, personas fuera del estado y hasta una cuenta de diseño ecológico que publicó la lámpara de corcho de Addie Payne dos veces.

El profesor David Morgan explicó que la venta de las lámparas es una manera emocionante para que los estudiantes reciban retroalimentación y validación externa de su producto. “Que gran experiencia para un estudiante poder crear algo y venderlo. Creo que es muy motivador”, dijo el docente.

El desafío, sin embargo, fue que los estudiantes recibieron las restricciones a lo largo del semestre, obligándoles a reinventar, innovar y adaptarse al desafío.

Muchos estudiantes dijeron que el enfoque de “ingeniería inversa” del profesor Morgan les ayudó aumentar la creatividad al diseñar sus lámparas. Se dieron instrucciones adicionales cada dos semanas, añadiendo requisitos los cuales los estudiantes tenían que implementar.

“Cuando doy una asignación, la doy de una manera poco sistemática, esperando ver como progresa. Quiero ver lo que está pasando con los estudiantes y ser flexible en lugar de cerrarnos a un horario o a un solo método”, mencionó Morgan.

Morgan dijo que este proyecto les da a los estudiantes experiencia práctica en el mundo real ya que muchas compañías enfrentan restricciones o problemas durante el proceso de creación. En lugar de poner trabas al éxito de los estudiantes, este método de creación les ayuda aprender más.

Mientras Morgan podría centrarse en enseñar a los estudiantes cómo crear buenos productos, él prefiere enfocarse en enseñar a los estudiantes a entender por sí mismos de lo que constituye un buen producto y cómo crearlo logísticamente. De esa manera pueden estar más preparados para sus futuras carreras.

“Significa mucho más cuando lo descubres por tu propia cuenta, y mi trabajo es ayudarles a llegar por sus propios medios—y con un poco de guía—a entender eso”, indicó el catedrático.

Morgan halagó la disposición de sus estudiantes de ser flexibles y permanecer con el reto. “No hay muchos estudiantes que continuarían a pesar de la incertidumbre de tener cambios a la mitad del proyecto sin que ocurriera una gran rebelión”, dijo el instructor.

Payne explicó que, aunque las instrucciones a veces eran frustrantes, “las restricciones inspiran creatividad”. Después de recibir nuevas instrucciones durante el proceso de diseño, Payne dijo que tenía que cambiar su idea de la lámpara por completo.

Aunque las restricciones limitan el tipo de lampáras que los estudiantes pueden fabricar, Byers dijo que le enseñaron una nueva manera de resolver el problema. “Es indefinido. Nosotros escogemos lo que hacemos”, indicó el estudiante. “Entre la ambigüedad, podemos aprender lo que personalmente nos gusta, y lo que no”.

Todas las lámparas terminadas eran diversas a pesar de las restricciones. El requisito del material de lámina les dio a los estudiantes la opción de escoger entre aluminio, acrílico, madera, polietileno de alta densidad, corcho y más. De allí, el enchufe, la bombilla, la forma, la función, y el diseño general eran únicos para cada estudiante.

El sitio de web de ventas tiene las fotos de todas las lámparas terminadas de los estudiantes. 

Grace Barber, una estudiante en la clase, expresó que estaba agradecida de que las clases se quedaron en persona hasta las vacaciones del Día de Acción de Gracias porque este proyecto práctico hubiera sido difícil completar en línea. Dijo que a pesar de tener la opción de asistir en línea o en persona, “es destacable que cada uno de nosotros viene a la clase. Tienes que estar totalmente involucrado en esto”.

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