BYU y #MeToo: ¿Cómo el clima ha mejorado en el campus?

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Traducido por Diego Calderón

La mayoría de las citas de Lisa Leavitt con los estudiantes comienzan con una simple pregunta: “¿Te sientes seguro?”

Leavitt, quien trabaja como defensora de sobrevivientes de agresión sexual de BYU, dijo que su trabajo es hablar con las víctimas e informarles sobre los diferentes recursos disponibles para ellos. Ella explicó que después de garantizar la seguridad de la víctima y evaluar sus necesidades médicas, lo siguiente que los estudiantes generalmente quieren hablar es sobre lo académico.

“Es interesante para mí. Tienes a alguien que acaba de ser violado o agredido sexualmente, y está enormemente traumatizado y una de sus mayores preocupaciones es, “¿cómo voy a ir a la escuela?”, explicó Leavitt.

Leavitt fue contratada como resultado de un estudio que la universidad realizó en 2016 sobre el tratamiento de sobrevivientes de agresión sexual en el campus. El estudio se realizó en respuesta a las críticas públicas sobre la forma en la que se trataba a los sobrevivientes de agresión sexual en relación con el Código de Honor.

Julie Valentine, profesora de enfermería especializada en agresión sexual y violencia interpersonal, fue miembro del consejo asesor que realizó el estudio. Ella dijo que había mucha presión del presidente Worthen para ir más allá de cumplir con los requisitos federales y hacer los cambios consecuentes para asegurar lo mejor para los estudiantes.

“Estaba muy agradecida por el apoyo del presidente Worthen. Realmente ama a todos los estudiantes, y su enfoque fue hacer cambios para ayudar a BYU a ser el ambiente más seguro y saludable para que los estudiantes puedan crecer y aprender”, comentó Valentine.

Valentine dijo que estaba contenta de que la universidad respondiera a los reclamos, porque en ese momento sentía que la agresión sexual y la violencia interpersonal no se hablaban lo suficiente en la cultura general, por lo que ella sabía que eso tenía que cambiar.

“Cuando comencé a promulgar un cambio y a hablar con más personas sobre los altos incidentes de agresión sexual, realmente me sentí como si me hubiera golpeado la cabeza contra una pared de ladrillos”, explicó Valentine.

El consejo asesor sugirió 23 cambios para que la universidad los implemente, todos los cuales fueron aceptados y luego anunciados en un informe del consejo asesor publicado en octubre de 2016. Uno de esos cambios fue contratar a Leavitt como un recurso para los estudiantes, los profesores y el personal.

Leavitt dijo que desde entonces ha visto muchos cambios, no solo en la cultura de BYU, sino en la capacidad de cómo los estudiantes acceden a su ayuda.

“Hace cinco años, ni siquiera hablabamos de agresión sexual en el campus. Y ahora, hablamos de eso, tenemos un mes de concientización sobre la agresión sexual, hacemos todo tipo de presentaciones durante todo el año. Durante la orientación estudiantil, yo presento, la policía presenta, los funcionarios del Título IX presentan también. Así que la educación al respecto ha cambiado fenomenalmente”.

Dani Jardine
La oficina del Título IX de BYU está ubicada en 1085 WSC. La oficina del Título IX proporciona recursos para los estudiantes que son víctimas de agresión sexual y estudiantes involucrados en casos de agresión sexual. (Camille Baker)

Según Valentine, este tipo de educación es lo que eventualmente ayudará a disminuir los casos de agresión sexual, no solo en BYU sino a nivel nacional y global. Ella dijo que las personas tienen que confiar en el sistema para sentirse cómodos denunciando, y si las personas no denuncian “entonces la agresión sexual y la violencia interpersonal existen en la oscuridad”.

Valentine dijo que si bien han habido muchas mejoras en los últimos años, aún hay más por cambiar. Explicó que se preocupa especialmente por las personas más vulnerables de la sociedad, aquellas que pueden evitar informar porque temen las repercusiones en sus trabajos u otros aspectos de sus vidas.

Leavitt está de acuerdo que la cultura que rodea la agresión sexual aún podría mejorar dentro de la sociedad en general.

“Hemos convertido la violación y la agresión sexual en un problema de mujeres, y no lo es. Es un problema de la sociedad y, en todo caso, es un problema del hombre también”, dijo Leavitt.

Leavitt también dijo que la cultura peculiar en BYU no ayuda mucho porque muchos estudiantes son ingenuos sobre el sexo en general y tienen una tendencia a culparse a sí mismos en situaciones de agresión sexual.

Una víctima, que prefirió no ser identificada, compartió con el Daily Universe su historia de cómo superó esa sensación de autoculpa después de ser agredida sexualmente justo antes de comenzar la escuela en BYU.

“Estoy agradecida por todos los recursos que tengo y las personas que pueden ayudarme”, dijo.

En el clip del audio a continuación, ella comparte su historia y explica cómo la fe que ganó al ser criada como miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días la ayudó a sentirse apoyada incluso cuando no sentía que podía hablar de sus problemas con quienes la rodean.

Según Leavitt, casi todas las agresiones sexuales que les ocurren a los estudiantes de BYU ocurren fuera del campus. El Daily Universe envió una solicitud de información al Departamento de Policía de Provo preguntando cuántas agresiones sexuales habían tenido lugar en cada una de las áreas de vivienda fuera del campus que figuran en la guía de vivienda de BYU durante 2018 y 2019. El departamento de policía produjo una lista de solo 4 incidentes — dos agresiones sexuales y dos cargos de conducta sexual inapropiada — que tuvieron lugar en The Village al sur del campus.

Leavitt comentó, sin embargo, que esta lista no representa con precisión dónde y cuántos asaltos ocurren fuera del campus. Ella dijo que la falta de incidentes enumerados podría provenir de una serie de razones, incluido el hecho de que muchas víctimas eligen no informar a la policía, y muchos de los que sí denuncian pasan por la policía del campus de BYU. También dijo que estos incidentes no siempre ocurren en el departamento de alguien, pero que pueden ocurrir en cualquier lugar, como en un parque o en un automóvil.

Este mensaje de tiza apareció en una acera en Helaman Halls cerca del 14 de abril, indicando que una mujer fue violada en el área hace siete años. (Emily Andersen)

En general, Leavitt dijo que está impresionada por los estudiantes que conoce en su trabajo.

“Estoy constantemente asombrada por su resistencia, por su determinación en superar esto. Constantemente me sorprende lo increíble que es nuestra población estudiantil”, aseguró Leavitt.

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