Estudiantes de BYU hacen resoluciones para la nueva normalidad

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Read in English: BYU students make resolutions for the ‘new normal’

Traducido por Nathan Henstro y revisado por Diego Calderón

Los estudiantes están creando nuevas resoluciones basadas en lo que han experimentado al comienzo del año por la pandemia. (Ilustración fotográfica vía Unsplash)

Nota del editor: Esta historia es parte de una serie de historias que ilustran los impactos (en diferentes plazos de tiempo) de la pandemia del COVID-19 y cómo las cosas han cambiado dentro del campus y fuera de él.  

Crear resoluciones de año nuevo es una tradición enfocada en metas para alcanzar una mejor versión de uno mismo. Sin embargo, el año 2020 nos ha traído un desafío gigante que ha afectado a las vidas de mucha gente: la pandemia del COVID-19. 

Mientras la sociedad procura volver a la vida normal, hay personas que procuran emplear resoluciones basadas en sus experiencias con la pandemia.

Jamie Marquis, una estudiante de último año de BYU, se ha comprometido hacer más ejercicio, especialmente al aire libre.

Usando su FitBit, ella notó que estaba caminando menos de 1,000 pasos por día desde que las clases empezaron a ser en línea. Esto le animó a salir a caminar y a correr diariamente. “Me siento mucho mejor física y emocionalmente cuando hago ejercicio cada día al aire libre”. 

Con los centros recreativos abiertos de nuevo, Marquis dijo que asiste a su clase de yoga semanalmente, y que sigue caminando y corriendo al aire libre a diario. Ella ha adquirido un aprecio más grande por el correr y por las comidas más saludables. 

“Este compromiso de hacer más ejercicio me ha dado el antojo de frutas y vegetales, y mi cuerpo lo aprecia mucho”, aseguró ella. “No puedo creer por qué me dejé sentir perezosa por tanto tiempo”. 

Riley Gray, una estudiante de segundo año de BYU, quiere pasar más tiempo de calidad cara a cara con sus amigos y con su familia en vez de pasar el tiempo con el celular y en las redes sociales. 

No hace mucho que Gray regresó de la misión y nos contó cómo eso ha influido la decisión de ella. Su misión todavía no utilizaba los teléfonos inteligentes, y eso le ayudó reconocer cuan nocivos los celulares pueden ser en las relaciones. 

“Eso realmente me abrió los ojos acerca de cuánto tiempo dediqué a mi teléfono cuando estaba en casa, y de la importancia de la interacción personal, la interacción cara a cara y la de una conversación telefónica real”, explicó ella. 

Además, ella se dio cuenta de que no apreciaba sus relaciones con otras personas tanto como debía, especialmente después de estar en cuarentena durante su misión y también después de haber regresado a casa. Gray quiere estar presente con las personas con quienes interactúa. 

“Esta generación es maravillosa, pero nos hemos olvidado de cómo vivir en el momento”, comentó ella. “Hemos perdido los beneficios del contacto personal”. 

Cuando la interacción social sea más segura, Gray tiene planes de dejar su celular y pasar más tiempo con amigos. “Haré un esfuerzo extra para estar con las personas y demostrarles que las quiero, que sus vidas me importan y que quiero estar con ellas”. 

Jared Paredes, otro estudiante, se comprometió hacer un mejor esfuerzo por sinceramente conocer a otras personas. 

Paredes explicó que antes de la pandemia, no se esforzaba mucho hablar con gente desconocida en el campus. 

“Siento que habían momentos en que podía ayudar a otros a sentirse más bienvenidos en la comunidad de BYU”, dijo él. 

Además, él mencionó que el dar un saludo sencillo con quienes uno se cruza en el campus puede hacer una diferencia. Ahora, Paredes procura reconocer a otros alrededor de él para espontáneamente ayudarlos a sentirse bienvenidos. 

El estudiante, Alex McIntire se ha comprometido a comunicarse con viejos amigos y conocidos. 

McIntire empezó comunicarse con personas a través de las redes sociales cuando el distanciamiento físico era más estricto. “Averigüé que la mayoría de la gente, incluyendo los que no conocía tanto, estaban felices hablar conmigo por un rato”. 

Él reconoce que había perdido oportunidades en el pasado para conocer mejor a otros y desarrollar amistades reales. 

“Las personas son más amables de lo que inicialmente pensamos”, explicó él. “Me ha resultado difícil la vida social durante gran parte de mi vida, pero la pandemia me ha dado una oportunidad más para encontrar más amigos”. 

Para lograr su meta, McIntire planea detenerse para hablar con más gente que ve en el campus, una vez que todo vuelva a estar seguro. 

“Hay tantas personas por conocer, y el conocerlos es un parte clave de la experiencia de BYU”.

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