La desigualdad de género en el profesorado de BYU es más que un simple juego de números

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Véase también El fomentar la obtención de títulos de postgrado entre las estudiantes de pregrado es fundamental para superar la falta de mujeres docentes en BYU

Según información de BYU Communications, solo 34.5% de los profesores en BYU son mujeres. (Sydnee Gonzalez)

Los números no siempre cuentan la historia completa, pero cuando se trata de la igualdad de género en el profesorado de BYU, los números pueden apuntar a problemas más serios en la universidad.

Informes del Departamento de Educación de EE.UU. muestran que el promedio de mujeres que son parte de los profesorados de universidades en Utah es 47.1%, el cual es casi idéntico al promedio nacional de 47.4%. BYU cae por debajo de promedios estatales y nacionales.

Todd Hollingshead, el gerente en relaciones mediáticas de BYU, dijo que el reporte más reciente demuestra que 34.5% del profesorado de BYU son mujeres.

Según Denise Halverson, profesora y coordinadora de BYU Women Thrive, se necesita más que sólo ver la proporción de género para entender completamente la situación.

“El número de mujeres que hay como profesoras o en un campo es en realidad una medida de rezago”, dijo Halverson. “Con frecuencia se aborda esa tema con la actitud de que si se incluyen bastantes mujeres, se podrá marcar un casillero que dice ‘nosotros no discriminamos.’”

Con el fin de realmente deshacerse de cualquier discriminación de género, Halverson sugirió que BYU tratara de profundizar en el tema.

“Cuando una organización está realmente dispuesta a asumir un problema de discriminación, lo que hace es tratar de comprender la dinámica que lo está impulsando, y abordar los problemas fundamentales”, dijo.

Halverson también mencionó que la presión social a la que se enfrentan las mujeres para no superar a sus colegas masculinos puede afectarlas negativamente.

Denise Stephens, profesora de BYU, ha observado esta dinámica cuando se trata de avances de rango social y estatus.


”He visto hombres, que solicitan ascensos para llegar a ser profesor titulares, que no deberían ser promovidos porque todavía porque no están preparados, pero creen que sí lo están. Y veo que las mujeres no llegan a ser profesoras titulares porque piensan ‘Tengo que conseguir esta beca’ o ‘Tengo que terminar este ensayo’ y esperan y siguen esperando porque piensan que no son lo suficientemente buenas,” dijo Stephens.

Dijo que otra cosa que a menudo impide que las mujeres reciban el estatus de profesoras titulares es el sesgo en las políticas de rango social y estatus en sí mismas.

Las políticas de rango social y estatus fueron escritas principalmente por hombres de raza blanca, que piensan: ‘Así es como fue para mí, así es como debe ser para todos.’ Muchas veces, cuando llega una mujer, no encaja con la actitud de estos hombres que dicen ‘mi éxito primero, el éxito de mi equipo segundo,’ y por eso estas mujeres no logran tener éxito”, dijo Stephens.

Las opiniones de Stephens coinciden con los resultados de un estudio del año 2005 publicado por la Asociación Americana de Psicología, la cual analizó cómo se percibe la conducta ciudadana altruista, o la falta de ella, en hombres y mujeres.

El estudio encontró que el mismo comportamiento altruista resultó en reacciones más favorables hacia los hombres, pero tuvo poco efecto en reacciones favorables hacia las mujeres. La retención de ese comportamiento resultó en reacciones negativas hacia las mujeres, pero no tuvo ningún efecto en la forma en que se percibía en los hombres.

“Parece que las mujeres están realmente en desventaja cuando se trata de altruismo: cuando han actuado de manera altruista, no se benefician, y cuando no han actuado de manera altruista, son penalizadas en comparación con los hombres que se comportan de manera idéntica,” señala el estudio. “Hagan lo que hagan, las mujeres son menos apreciadas que sus colegas masculinos.”

Para la profesora Julie Damron, el comportamiento altruista no es el único factor en el que existe una diferencia en cómo se le considera a ella en comparación a los hombres.

Ella relató una experiencia de cuando asistió a un evento en BYU, en el cual el anfitrión era un estudiante. Ella y otros profesores estaban formando un círculo cuando el estudiante vino para presentarlos entre ellos.

“El estudiante presentó a todos los hombres que estuvieron en el círculo con el título de doctor y a mí me presentó como hermana Damron. Fui la única mujer en el grupo y fui la única que no fue distinguida con el título de doctor(a),” dijo Damron. “Fue muy desagradable para todos.”

Para muchas mujeres en BYU, la falta de conciencia y las situaciones frustrantes que existen son comunes.

Por ejemplo, Patti Freeman, la decana asistente de educación de pregrado, ha sentido que aunque tiene buenas relaciones de trabajo con los hombres de su departamento, ellos la ven y la tratan como ajena.

“En algunos momentos, me han tratado como una extranjera — en particular, cuando era directora del departamento”, dijo. “Algo sencillo que he experimentado de módulos de dos tipos, es un profesor que me dice ‘mira, tú y yo nunca vamos a almorzar solos porque no voy a salir con una mujer.’ No estoy diciendo que ese ejemplo es discriminatorio, pero si es ignorante,” dijo Freeman. “No sé si ellos siempre son plenamente conscientes de sus actitudes.”

Ella dijo que ve una marcada diferencia entre como la tratan sus compañeros de BYU y como la trata su compañero de otro estado.

“Él siempre me trata como un ser humano. Él me ve como igual. Él puede estar en un carro conmigo o cenar conmigo cuando estamos haciendo viajes de trabajo,” dijo Freeman. “Es tan refrescante.”

Su perspectiva, sin embargo, es positiva y dice que espera que el profesorado del campus aprenderá a verse el uno al otro como más que sólo su género. Alentó a las personas a preguntarse a sí mismas ‘Veo el género de los personas y pienso ‘¿tengo que mantener una distancia segura porque es de su género?’ ¿Eso no me permite tener relaciones de trabajo con las personas, porque no puedo superarlo?”

Otra solución para mejorar las experiencias que tienen las profesoras en BYU será poner a más mujeres en posiciones de liderazgo y asegurar que estén siendo tratadas con el mismo nivel de respeto que los hombres.

“Damos la impresión de que respetamos a las mujeres, pero luego se ve como están siendo tratadas en las posiciones de liderazgo y la falta de respeto que reciben. Muchas veces, las mujeres son juzgadas inmediatamente, especialmente por hombres que no recibieron la posición. Las personas piensan que sólo se le ascendió porque es mujer,” dijo Stephens. “Ninguna de nosotras quiere ser tratada así. Quiero que digan ‘ella está en esta posición porque está calificada para ella.”

Halverson notó que la falta de respeto que se tiene hacia algunas mujeres líderes refleja problemas subyacentes.

“Será muy útil el poder reconocer los talentos únicos que las mujeres traen al liderazgo,” dijo Halverson. “No necesitamos que las mujeres se comporten como hombres; necesitamos que las mujeres se comporten como mujeres y que hablen sobre los temas que enfrentamos como sociedad, temas para los que estamos preparadas.”

No todas las mujeres en el campus han tenidos experiencias negativas. Lori Wadsworth, la directora del programa de MBA de BYU y la comisión de inclusión de Marriott School, dijo: “Honestamente, puedo decir que nunca he recibido reacciones negativas directas de profesores o estudiantes durante mi tiempo en el Romney Institute.”

“Mis colegas femeninas y colegas masculinos han sido un gran apoyo en mi papel y mis responsabilidades como directora del departamento y del programa de MPA,” continuó.

Indicó, sin embargo, que durante 34 años en BYU, ha visto mucha superación en cuanto a las actitudes hacia las profesoras.

“Al principio de mi carrera, recibí muchas preguntas sobre el trabajar a tiempo completo, incluyendo la insinuación de que estaba quitándole el trabajo a un hombre que estaba sustentado a su familia,” dijo Wadsworth. “Durante mi vida, he visto que el mundo se está abriendo para las mujeres en maneras increíbles.”

Para asegurar que más mujeres tengan experiencias positivas como Wadsworth (experiencias en las que ellas son percibidas y tratadas como iguales, Halverson dijo que BYU tiene que cultivar una cultura de responsabilidad.

“Cuando hay una cultura de responsabilidad, es muy difícil discriminar,” dijo. Ella añadió que la responsabilidad significa precisar un propósito, alinear las acciones con ese propósito, participar en un comportamiento pensativo y actuar de acuerdo a él.

“Cuando las personas discriminen y la cultura tenga un contexto de responsabilidad, existe el requisito de que cada persona debe explicar sus intenciones y propósitos,” continuó.

Para BYU, una cultura de responsabilidad significará alinear el trato que se le da a las mujeres con los objetivos de la universidad.

“Me encantaría ver que BYU esté a la vanguardia en la igualdad de su profesorado en términos de salario, ascensos y respeto,” Damron dijo. “BYU debe estar a la vanguardia.”

Halverson convino, “Debemos estar (a la vanguardia) porque el evangelio enseña eso. No estamos viviendo el evangelio cuando tenemos estos problemas,” dijo.

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